Las imperfecciones de mi cuerpo

 Me di cuenta de que estaba equivocada acerca de la forma en que me miraba, engañada por el prototipo correcto creía que para gustarle a alguien tenía que ser perfecta.

Perfecta en todo, en cómo actuar, en que decir, en cómo pensar, en que vestir, que comer, como tener mi cuerpo; "mientras más delgada mejor". ¡Me cansé! todos quieren más perfección y menos realismo, todos quieren una escultura bien moldeada como si eso determinará quién eres realmente, ¡me cansé!!

Me olvidaba que sólo debía quererme a mi, cada marca en mi cuerpo, cada desajuste, o desvalance, más caderas, menos cintura, más senos, menos trasero, más piernas, menos abdomen, todo es mío justo así, ¡me pertenece!, mi cuerpo es mi templo y quién quiera explorarlo tiene que amarlo tal y como es, pero primero debía amarme yo misma con cada imperfección mía.

Quien crea que un cuerpo perfecto le hará más feliz porque puede presumir de el a su antojo, le felicito, su criterio cerrado seguro le llevará por sendas correctas,  y no por ello menosprecio los cuerpos esbeltos o bien formados, los operados o que con constancia, alimentación o esfuerzo diario lo han conseguido, es sólo que me parece que la felicidad no está en el estuche si no en lo que lleva por dentro.

Hoy veo mi cuerpo y lo valoro, lo toco, lo cuido, lo presumo para mí, porque es mío, porque soy yo y me hace feliz aceptarme y amarme desde mis imperfecciones físicas. 

Mi cuerpo no es quién soy yo, es parte de mi pero hay muchas más cosas que me conforman y están en mi alma, mi esencia, mi cuerpo es sólo el envoltorio, no el regalo.


 


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